Ser voluntario o voluntaria de Cruz Roja significa ofrecer parte del propio tiempo para realizar una actividad de interés social, dentro del marco y los objetivos de la Institución y sin ninguna otra contraprestación que la satisfacción de tener un compromiso de solidaridad con la comunidad en la que vivimos. La persona voluntaria puede unirse, según sus aptitudes e intereses, a cualquiera de los diferentes planes que Cruz Roja lleva desarrollando desde hace años para ayudar y mejorar la vida de las personas con necesidades y carestías, de todos los colectivos necesitados y de aquellos que, sea por el motivo que sea, necesitan de las actividades de la institución.
Supone una decisión reflexiva y responsable, ya que entraña la aceptación de unos compromisos determinados que marcan la línea de actuación de Cruz Roja y que deben responder a la confianza que la sociedad deposita en la Institución. Una toma de conciencia de las necesidades del mundo contemporáneo, sociedades donde existen personas y colectivos condenados al desamparo y a situaciones de exclusión, necesidad y vulnerabilidad que los gobiernos no tienen la capacidad o el compromiso necesario para resolver o paliar.
El trabajo en equipo garantiza el éxito de nuestras actividades ya que desde el principio los voluntarios y voluntarias pertenecen a un grupo de personas que habitualmente es responsable de las actividades por las que ha sido constituido. Las aportaciones individuales de cada voluntario o voluntaria son esenciales para asegurar la calidad de la ayuda y para adaptarnos a las diferentes necesidades.
A su vez, el voluntariado de Cruz Roja participa en las decisiones que tienen que ver con el funcionamiento de su grupo de actividad por medio de órganos donde su voz y sus propuestas son escuchadas; así mismo colabora activamente en la vida asociativa y en el desarrollo de la Institución.